Unos compañeros de otra especialidad me contaron que habían tenido un curioso caso de exposición en la encerrona: el ponente propuso un índice de lo que iba a tratar y después lo siguió a rajatabla. Tal índice era un esquema numerado con cifras romanas y árabes y letras mayúsculas y minúsculas. Hasta aquí, bien –aunque cuidado con la complejidad de los índices pues pueden llegar a confundir –la extravagancia fue la forma oral de exponer, algo así como “uno romano, Introducción”, (el candidato inició su ponencia), “dos romano, punto uno, A mayúscula” (seguido del contenido de tal apartado) “tres romano…” Por lo que pude saber, la propia forma de la exposición distrajo tanto a los miembros del tribunal que no fueron capaces de seguir el fondo de la misma, es decir, los conocimientos que se presentaban, así que aquella persona, probablemente de un modo injusto, no pasó la prueba.

Probablemente el opositor eligió esta forma de presentar su ponencia por alguna razón justificada, pero lo cierto es que en el contexto de una oposición de enseñanza puede resultar atípica, y aunque pienso que a veces una apuesta arriesgada puede ser muy positiva, ¡cuidado! también puede acabar en catástrofe. Por eso creo que para no caer en errores forzados es acertado consultar y probar las ideas más singulares con otras personas, con los amigos y familiares o con los profesores que te preparan.