10. Estar siempre pendiente de tu teléfono móvil

Tengo un iPhone 5 y estoy jugando al BubbleShotter en mi escritorio mientras mis alumnos y alumnas hacen sumas y restas. Lo bueno, es que cuando alguien me pregunte algo sobre esos ordenadores y tablets que han implantado en el colegio, sabré responder. Claro, que mis alumnos no lo saben. Con mi iPhone nuevo, resplandeciente, les digo a mis estudiantes que alguien, fuera del aula, es mucho más importante que ellas y ellos: pero, la verdad, cuando estoy en el aula nada debería estar entre el alumnado y yo.
9. Estoy siempre en el ordenador o no presto atención
La multitarea es mentira: no deberías usar el Facebook, Twitter (salvo para usos educativos, obviamente… aunque está más dirigido a mantener el contacto fuera del aula, porque para mantenerlo dentro ya está el trato personal), el correo electrónico… No.Tampoco durante los exámenes. Debes estar atento/a, alrededor de los y las estudiantes, ayudando y enseñando. Te pagan por enseñar; no eres un profesor virtual que tutoriza un curso de eLearning. La docencia es tu trabajo: incluye ese soporte TIC, pero también la enseñanza presencial. 
8. Soy previsiblemente dramático/a y pierdo los estribos con facilidad
¿Pierdes la paciencia dos o tres veces al año y todo el mundo lo sabe porque eso es muy raro en ti o, por el contrario, pierdes los estribos dos o tres veces al día? Si te decantas por la segunda opción, deberías pedir ayuda y averiguar qué pasa. ¿Cansancio? ¿Estrés? Pero somos adultos: no podemos perder la calma continuamente. Los alumnos y las alumnas no respetan a los/as matones/as, y no deberíamos comportarnos como tal. Peor aun es mostrar dramatismo y desesperación… Los/as estudiantes se sorprenderán una o dos veces – las primeras – pero, entonces, comenzarán a conspirar… Se te irá la clase de las manos. ¡Mantén la calma!
7. Comparto información privada
Nunca digas las notas en voz alta, ni siquiera cuando es para halagar. Es vergonzoso: ¡NO lo hagas! ¡Es horrible! También es horrible cuando se reprende a un alumno o una alumna delante de sus compañeros [por no hablar de lo muchísimo que te puede perjudicar lapresión de grupo si estás dando una reprimenda a un/a adolescente, que no querrá “quedar mal” delante de sus compañeros/as]. Tu aula no es un concurso. Tu aula no es una competición. Tu aula no es un reality show. Las cosas privadas, en privado.
6. Hablo sin parar durante más de 10 minutos… y, además, mi voz es monótona
Hasta tú estrías dormido/a después de estar 20 minutos escuchando a alguien hablar y hablar sin parar. Esas cosas son las que matan el amor por estudiar y aprender… Ahora te tocará a ti aprender a escuchar las señales que te envían, su lenguaje corporal y sus gestos. Pídeles que lean, haz preguntas, charla, pon ejemplos… pero dejarles dormir NO es una opción 
5. Cada maestrillo tiene su librillo
Pues mira, no. No necesariamente cada maestro y maestra, cada profesor y cada profesora, tienen su método y este es constreñido, rígido y cerrado. Y si así fuese, desde luego, no necesariamente va a ser el mejor… Lo que importa aquí NO es que el docente esté comodísimo/a dando clase, sino los alumnos y las alumnas: que cada individuo dentro del grupo de alumnos y alumnas aprende de una forma diferente. Imagínate que yo tengo un método y hay 5 niños o niñas que muestran un rendimiento bueno… entonces, ¿el resto, 20 alumnos/as, son malos estudiantes”?
4. Yo me centro en los/a alumnos/as “buenos/as” y dejo a los/as “malos/as” que hagan lo suyo, lo que quieran.. total..
Una cosa: si tus estudiantes son tan buenos/as, no se para qué te necesitan. Un/a buen/a estudiante podría aprender, incluso, solo/a, en su habitación, con un libro (y una conexión a internet) sin necesitarte para nada [como en la Facultad… ¿recuerdas?]. Tú tienes la obligación de llegar a todo tu alumnado.
3. Siempre enseño lo mismo, todos los años, sin cambiar nada.
Recuerdo un departamento de matemáticas que luchó lo incansable para conseguir un libro de texto nuevo y obligar a un profesor a cambiar de método y de pruebas… ¿por qué? Pues porque llevaba haciendo los mismos examenes 15 años. Algunos/as estudiantes necesitan ayuda extra o necesitan trabajar a su aire. Algunas/os alumnas/os aprenden en dos días lo que otro aprende en siete. Y, por otro lado, aunque siempre nos quejamos del currículum y los Decretos – con razón – el mundo cambia y tenemos que tratar temas nuevos… ¿dónde? No esperemos que el Decreto lo incluya si, ni siquiera nosotras/os, somos capaces de incorporarlos
2. Mis palabras no significan nada
Piensa lo que dices y dí lo que piensas. No seas inconsistente. No mientras, no amenaces… no des discursitos grandilocuentes que no entiendes ni tú
1. Odio a los/as alumnos/as
Ponte en su lugar… ¿o no te acuerdas ya? Cuando hables mal de tus alumnos y alumnas piensa si te hubiese gustado que te hicieran lo mismo. Se que hay muchos/as alumnos/as y familias que no te respetan, ni a ti ni a tu trabajo docente, pero (eres adulto/a) y no puedes iniciar una venganza particular: tengo que mantener mi nobleza y mi comportamiento honesto, y nadie puede quitarme estas dos cosas más que yo. (Mira el artículo con consejos para tratar con alumnado disruptivo y clases difíciles: bit.ly/MFyUdl )