Enfrente de todo opositor está esa bestia de cinco cabezas que nos quita el sueño desde meses antes del proceso y a la que hay que vencer para lograr nuestros objetivos: el tribunal. El temor de los opositores al tribunal está en parte justificado porque es el que va a evaluar los resultados de muchas horas de esfuerzo y trabajo, pero ese temor en ningún caso debería traspasar las barreras de lo racional. He sido miembro de tribunal en muchas ocasiones y he podido ver cómo personas muy válidas, que además se habían esforzado mucho, no pasaron las pruebas precisamente por la falta de experiencia para actuar frente a los examinadores. 


Los miembros del tribunal son profesores de la especialidad a la que te presentas que en su mayor parte no quieren estar ahí pero les ha tocado por sorteo. Algunos lo eligen por la compensación económica y finalmente unos pocos, los menos, están allí por vocación. Os cuento eso para que sepáis que el abanico de personas que tenéis enfrente es muy amplio y similar al que podéis realizar cogiendo cinco personas cualesquiera en un supermercado. Sí, es cierto que son titulados y profesionales, pero no son psicólogos ni han recibido clases o consejos de cómo realmente deben examinar. Sin embargo, el hecho de que haya cinco personas, y no solo una,  está pensado para que el opositor no se encuentre con tipos muy excéntricos. Lo habitual es, pues, que quienes forman parte del tribunal entiendan la situación del opositor y quieran ayudarle a pasar el trago lo mejor posible. En contrapartida, los candidatos tienen que actuar con psicología para obtener lo mejor de ellos.

Por qué digo que hay que actuar con psicología, pues precisamente porque el tribunal lo componen personas y, nos guste o no, además de los conocimientos que podamos demostrar, en la decisión final que tienen que tomar influirán aspectos como todo lo que somos y cómo nos comportamos. La mayoría de la gente actuamos siempre intentando causar la mejor impresión y esta premisa, siempre actuando con naturalidad, es la que deberíamos seguir. Lo que ocurre es que a veces nos planteamos estrategias erróneas o no tenemos en cuenta pequeños trucos, normalmente evidentes, que nos ayuden a crear un clima favorable durante las pruebas. Por ejemplo, un opositor puede pensar que si habla mal de lo que hacen otros opositores aumentará su prestigio y la empatía del tribunal hacia él, sin embargo, lo más probable es que su actitud se interprete como una falta de sentido de compañerismo y sea rechazado.
En las próximas semanas intentaré daros mi punto de vista y el de algunos de mis compañeros para que conozcáis mejor cómo se comportan los tribunales y perderles el miedo. Pero ante todo hay que tener en cuenta que el sentido común es una buena guía para actuar ante un tribunal de oposiciones.