Puede que alguien piense que la indumentaria que uno lleve para presentarse ante los tribunales de oposición no tendría porqué influir en la nota puesto que en ningún sitio de la convocatoria se hace alusión a esta cuestión. Sin embargo, sería un error obviar que las pruebas tienen mucho en común con las entrevistas de trabajo de la empresa privada, por lo tanto, aspectos como vestuario, calzado  y complementos hay que estudiarlos con la frialdad del que se prepara para una batalla.

A los profesionales de la enseñanza en España no se les exige el aspecto clásico y formal que en otros sectores, por lo tanto, suelen vestir con mucha libertad y, de hecho, es muy poco común ver a compañeros con traje de chaqueta y corbata. Creo que es preferible no elegir esta indumentaria para la encerrona, a no ser que conozcamos de antemano que los miembros del tribunal son muy partidarios de la misma, lo que tal vez podría ocurrir en algunas especialidades en zonas determinadas –yo no conozco ningún caso.

No obstante, a pesar de que podemos vestir con libertad debemos tratar de ser elegantes, no llamar la atención, combinar bien colores y formas, y no llevar demasiados complementos (pulseras, cadenas, pendientes exagerados, piercings) ni peinados llamativos (en cuanto a colores o cortes poco habituales). Si es verano, puede apetecer llevar ropa ligera pero no son aconsejables ni pantalones cortos, ni camisetas de tirantes, ni vestidos o faldas muy cortas, ni tampoco chanclas de goma o calzados por el estilo. En algunos países, estos apuntes que se acaban de dar son norma para el personal docente, incluida la prohibición de utilizar pantalones vaqueros. Esto no ocurre aquí, pero puede valer como guía para elegir el atuendo más adecuado.

Igual de importante es el aseo y cuidado personal que demostremos durante las pruebas. Por supuesto, se dan por hecho unos mínimos de higiene y aseo, pero se debe poner especial atención a que la ropa que nos vamos a poner no tenga manchas, ni hilos sueltos, ni le falten botones o tenga cremalleras rotas. Estos pequeños detalles pueden pasarnos desapercibidos a nosotros mismos porque no les hemos dado importancia pero en el subconsciente de nuestro interlocutor pueden causar una impresión negativa. Lo mismo ocurre con la limpieza de los zapatos y de los pies que mostramos si llevamos sandalias. También cuidaremos las manos: ni uñas demasiado largas, mejor no pintarlas con colores fuertes, ni uñas comidas por los nervios (a veces no se puede evitar y, en este caso, no hay que agobiarse, porque tampoco va a resultar tan determinante). En cuanto al maquillaje de las mujeres, debe de ser lo más natural posible.