La comunicación con los niños a veces es complicada. Puede resultar difícil establecer los canales del diálogo para expresar de la manera más adecuada lo que se quiere decir, con objeto de que el niño reciba el mensaje y lo interprete de forma correcta. Las palabras y gestos son claves en la comunicación con niños
Además, la comunicación no está constituida solo por palabras, sino también por la expresión corporal: miradas, sonrisas, gestos, abrazos, silencios. Todo esto se debe tener en cuenta al procurar mejorar la comunicación. Por supuesto, cada persona es diferente, de ahí que las distintas técnicas deban adecuarse a cada niño y, en particular, a la relación que el maestro establece. A continuación, se muestra un decálogo de consejos para lograr una mejor comunicación con los pequeños.
1. Mensajes concretos y sencillos
El niño piensa de un modo más concreto y menos abstracto que el adulto, por lo que hay que tener cuidado con lo que se les solicita. El adulto tiende a no marcar los objetivos de una forma clara, y esto aumenta cuando se tiene un grupo de niños (en muchos casos muy difícil de individualizar)
2. Asegurarse de que el niño escucha
Es necesario mirar a los ojos del pequeño mientras se le habla y dirigirnos directamente a el. Es importante mirar a los ojos del niño cuando se le habla y tomarse unos segundos para saber que ha entendido. Lo aconsejable es llamarle por su nombre y esperar a que nos mire. De este modo, se ahorra tiempo, se evita tener que repetir un mensaje y, sobre todo, se previenen frustraciones.
3. Pedir las cosas de una forma simple y concisa
Los niños suelen esforzarse para llevar a cabo una orden que reciben, pero les suele costar si le solicitan varias cosas. 
4. Ser amable y correcto al hablar
Los niños aprenden sobre todo con el ejemplo. Las palabras amables les hacen sentir bien y les enseñan cómo se debe hablar. Mientras que las palabras bruscas, además de hacerles sentir mal, forjan en ellos ese mismo carácter y les predisponen a comportamientos similares. Expresiones como “por favor” y “gracias” se incorporan de manera natural a su vocabulario, si forma parte del trato que ellos mismos reciben.
5. Detallar al niño las consecuencias de sus actos
Explicar el porqué evita que el pequeño crea que nuestras decisiones son arbitrarias Esto es importante al momento de pedir al niño que haga algo o, por el contrario, de solicitarle que no haga. Si el niño no recibe ninguna explicación, la decisión le puede parecer arbitraria y generarle deseos de desobedecer. En cambio, cuando se le explica que “si hace esto, sucederá aquello”, sabrá el porqué y podrá entender lo bueno y lo malo de su conducta.
6. Dar oportunidades y no amenazar
Una consecuencia no es una amenaza. Una consecuencia es algo que tanto el maestro como el niño saben que sucederá si actúa de una determinada manera.
7. Dar al niño la posibilidad de recapacitar
Puede ser útil contar hasta un número determinado (siempre el mismo), de manera que el pequeño sepa que cuenta con ese tiempo para pensar, recapacitar y cambiar de actitud.
8. Ponerse al nivel de sus ojos
Mirarle a los ojos y tomarse unos segundos para saber que ha entendido es importante. Siempre que sea posible, es muy bueno que el maestro sitúe su mirada al mismo nivel que la del niño, para hablar con él. Esto es porque el contacto visual mejora la comunicación y, de esa forma, el pequeño podrá sentirse más cerca y empatizar mejor con los gestos del adulto que le habla, a quien ya no verá como un gigante que le habla desde las alturas.
9. Gratificar al niño cuando se porta bien
Sobre todo, si ha cumplido con algo que no le apeteciera demasiado hacer. Por supuesto, no se habla de gratificaciones materiales (aunque también podría ser en situaciones puntuales). Consiste, más bien, en ofrecerle felicitaciones, gestos de aprobación y cariño, como pueden ser una sonrisa, una caricia o un abrazo. Por el contrario, en caso de que el pequeño no obedezca o no cumpla, se debe producir la consecuencia de la que se ha advertido. Esto último es importante, puesto que, de no ser así, lo que se reforzará es la conducta de desobediencia y esta será más probable en el futuro.
10. Escuchar con atención
Los niños necesitan sentirse escuchados, poder compartir con los mayores sus descubrimientos, sus ideas y sus historias. Además, hablar les sirve para conocerse a sí mismos. Los maestros deben tratar de prestar atención. Pero, en caso de que no puedan, es un grave error fingir que se escucha: si el pequeño descubre que ha sido víctima de un engaño (y no es difícil que esto ocurra) puede llevarse una gran decepción.